(ARGENTINA) Desde que Juan Román Riquelme quedó al frente de las decisiones futbolísticas de Boca, la búsqueda de un centrodelantero confiable se convirtió en una constante. Mercado tras mercado, el club incorporó atacantes con diferentes perfiles y recorridos, pero ninguno logró consolidarse como el goleador indiscutido que el equipo necesita para sostener un proyecto ganador a largo plazo.
La primera gran apuesta fue Nicolás Orsini, quien llegó desde Lanús con buenos antecedentes y la expectativa de convertirse en el referente ofensivo del Xeneize. Sin embargo, nunca logró afianzarse ni responder a las expectativas. La falta de continuidad y de goles terminó relegándolo, dejando la sensación de una oportunidad desaprovechada.
Cavani ilusionó, Merentiel respondió y Bareiro aún espera
El siguiente golpe de efecto fue el regreso de Darío Benedetto. Su vuelta despertó el entusiasmo de los hinchas por el recuerdo de su exitoso primer ciclo, pero la realidad fue muy distinta. Entre lesiones, bajos rendimientos y una irregularidad constante, el delantero terminó alejándose del club sin poder recuperar el nivel que lo había convertido en uno de los ídolos recientes de Boca.
La llegada de Edinson Cavani representó uno de los fichajes más importantes de la gestión de Riquelme. El prestigio internacional del uruguayo generó enormes expectativas, aunque las lesiones y los problemas físicos le impidieron tener continuidad. Cada vez que parecía encontrar ritmo, una nueva molestia frenaba su recuperación, por lo que nunca logró convertirse en el goleador determinante que Boca imaginó.
En ese contexto, Miguel Merentiel fue el delantero que mejor respondió. Primero arribó a préstamo y luego Boca decidió comprar su pase. Con entrega, presión constante y goles importantes, el uruguayo se ganó rápidamente el cariño de los hinchas. Si bien no es un clásico “9” de área, su rendimiento lo convirtió en el atacante más regular de los últimos mercados y en una de las piezas más confiables del plantel.
Milton Giménez también llegó con la misión de aportar goles y aumentar la competencia en el ataque. Sin embargo, todavía no logró consolidarse como titular ni demostrar de manera sostenida el nivel que exhibió en Banfield. Su presente lo obliga a seguir luchando por un lugar dentro de la consideración del cuerpo técnico.
La apuesta más reciente fue Adam Bareiro, un futbolista seguido desde hace tiempo por Riquelme. Su incorporación buscaba terminar con un problema que Boca arrastra desde hace varias temporadas, pero una lesión interrumpió su adaptación y demoró su consolidación. Mientras el club continúa buscando alternativas en el mercado, el balance deja una conclusión evidente: pese a las incorporaciones de renombre y la inversión realizada, la gestión de Riquelme todavía no encontró al delantero que pueda convertirse, durante varios años, en el goleador de referencia que Boca necesita.

