(ARGENTINA) “El Vasco conoce como nadie el Mundo Boca y es el mejor técnico de la era Riquelme, lo mejor que le ha pasado en estos años”, sostuvo el periodista Rodolfo Cingolani sobre Rodolfo Arruabarrena, apenas Boca selló su clasificación a las semifinales de la Copa Sudamericana. El Xeneize dejó en el camino a San Pablo con el 1-1 de la vuelta en el Morumbí, sumado al 1-0 de la ida en La Bombonera con gol de Miguel Merentiel.
El partido de vuelta tuvo a Leandro Lozano como protagonista: adelantó a Boca a los 60 minutos con un zurdazo, el VAR anuló el empate brasileño a los 67 y Domingos Duarte igualó de cabeza a los 89, tras un centro de Artur desde una falta. El tanto del lateral fue su primero con la camiseta de Boca y tuvo un marco especial: el uruguayo se lo dedicó a Juan Izquierdo, su compañero en Nacional que murió hace dos años en ese mismo estadio. Lozano había llegado al club en 2026.
El propio Rodolfo Arruabarrena analizó la noche paulista en conferencia de prensa. “Quiero felicitar a los jugadores, hemos hecho un partido muy serio. En el primer tiempo dominamos en todos los aspectos y en el segundo San Pablo lo fue a buscar y nos llegó un poquito más”, dijo el DT. Y explicó el plan del equipo: “Siempre buscamos la presión alta, tratar de recuperar en campo rival y encontrar los espacios. Creo que lo hicimos bien”. Además remarcó el balance de la serie: “Esto es fútbol, me hubiese gustado ganar pero nos da la posibilidad de pasar a semifinales”.
El Vasco de la era Riquelme
Cingolani comparó al Rodolfo Arruabarrena actual con el de su primera etapa en el club, bajo la presidencia de Angelici, y aseguró que hoy se lo nota “más serio, más calmo, seguro, observando todo, sereno también”. En su columna destacó que el entrenador toma decisiones firmes: elevó el nivel de varios jugadores, agrandó el plantel con jóvenes y no se fija en la cotización de los futbolistas. “Juega el que está mejor. En el Boca de Arruabarrena funciona la meritocracia”, escribió. Para el periodista, además, el Morumbí es un escenario que el Vasco conoce bien: ganó allí la Copa Libertadores 2000 con Carlos Bianchi ante Palmeiras, con dos goles suyos en el 2-2 de la ida, y en 1995 había vivido ese cruce desde el lado brasileño, como futbolista de San Pablo.
El presente del equipo acompaña los elogios. Cingolani subrayó “el invicto importante que lleva el equipo de Arruabarrena: son 13 partidos”, con apenas dos derrotas en el camino previo, ante O’Higgins —al que después eliminó en los penales— y Riestra. Reconoció que hay muchos empates, siete, tal vez más de la cuenta, pero valoró que el equipo tome confianza porque los triunfos traen triunfos. Para la columna, Boca prácticamente no sufrió en el Morumbí y hasta mereció la victoria.
La serie en Brasil llegó con condimentos. San Pablo afrontó la revancha sin Jonathan Calleri, su capitán, suspendido por la amarilla que vio en La Bombonera durante una discusión con Tomás Belmonte. Antes del partido, el micro de la delegación de Boca fue apedreado por hinchas locales al ingreso al estadio, aunque ningún miembro del plantel resultó afectado. El Xeneize llegaba con diez partidos sin victorias en suelo brasileño y con cerca de 2.000 hinchas en las tribunas, y jugó pese a las limitaciones en el mediocampo, con Paredes tocado y Delgado volviendo de una lesión. En ese marco, Flores metió una pelota bárbara para que Lozano definiera.
El rival de semifinales ya está definido: será el Vasco da Gama, que venció 2-0 a Independiente Santa Fe y fue el primer clasificado del torneo. Boca, único argentino en carrera, definirá la serie primero de local y después en Río de Janeiro, aunque no podrá contar con Colidio para esa llave. “Ganarle a un brasileño, dejarlo en el camino, cotiza”, escribió Cingolani sobre el cruce con San Pablo. El antecedente juega a favor: el Xeneize nunca quedó eliminado en cuartos de final de la Sudamericana y, en sus dos cruces previos en esa instancia (2004 y 2005), terminó campeón del torneo.
