Boca había conseguido una de las victorias más importantes de su historia, pero Carlos Bianchi no estaba dispuesto a que el festejo se extendiera demasiado. Después de derrotar al Real Madrid en la Copa Intercontinental de 2000, el entrenador permitió que sus jugadores celebraran durante algunas horas y rápidamente les recordó que debían volver a trabajar. Guillermo Barros Schelotto reconstruyó aquella escena y reveló la mentalidad que tenía aquel plantel.
La final se disputó el 28 de noviembre de 2000 en Tokio y Boca se impuso 2-1 frente al conjunto español. Martín Palermo fue la gran figura de la jornada con los dos goles que le dieron el título al equipo argentino, mientras Marcelo Delgado lo acompañó en el ataque. Guillermo no fue titular y entró durante los últimos minutos del encuentro.
Después del partido llegó la celebración. El plantel regresó al hotel, cenó y brindó por la conquista, pero Bianchi estableció rápidamente un límite. “Hasta las dos o tres tienen libre. Mañana a las nueve arrancamos, que hay que entrenar”, recordó Guillermo que les dijo el entrenador aquella noche.
La mentalidad del Boca que dirigía Bianchi
La decisión tenía una explicación concreta. Boca debía regresar a la Argentina y tenía otro compromiso importante apenas unos días después. El 3 de diciembre recibió a San Lorenzo en La Bombonera por el torneo local y volvió a ganar, esta vez por 1-0 gracias a un gol de Palermo sobre el final. Para Bianchi, la obtención de la Intercontinental no significaba que la temporada estuviera terminada.
Guillermo también recordó una conversación que mantuvo con Palermo después de la final. Ambos estuvieron en una habitación junto a otros integrantes del plantel y el delantero se mostró consciente de la magnitud de lo que acababa de conseguir. “¿Vos te das cuenta de los dos goles que hiciste hoy?”, le preguntó el Mellizo, aunque explicó que en aquel momento no tenían una dimensión completa de lo que habían logrado.
“Hoy pensás: ‘¿Cómo hacíamos para ganar?’. No era tan fácil”, reflexionó Guillermo al recordar aquella etapa. El triunfo ante el Real Madrid fue uno de los puntos más altos de un equipo que había construido una identidad competitiva y que consiguió imponerse ante uno de los grandes del fútbol mundial.
La relación entre Bianchi y Guillermo había comenzado algunos años antes. Cuando el Virrey asumió como entrenador de Boca en 1998, durante la pretemporada en Tandil reunió al Mellizo y a Palermo y les comunicó que serían sus delanteros durante los primeros 20 partidos. Aquella decisión buscaba transmitirles confianza desde el comienzo.
