(ARGENTINA) El intento de Boca Juniors por repatriar a Sebastián Villa se está transformando en una negociación cada vez más compleja. Con Independiente Rivadavia firme en su postura y sin señales de flexibilizar sus condiciones, el Xeneize se enfrenta a un escenario exigente que obliga a redefinir tiempos, estrategias y límites económicos.
La dirigencia encabezada por Juan Román Riquelme considera al delantero colombiano una prioridad para reforzar el ataque de cara al segundo semestre. Sin embargo, el club mendocino se plantó con una posición clara: no negociará por debajo de cifras cercanas a los 10 millones de dólares y exige el pago en efectivo, sin jugadores incluidos en la operación.
Boca bajo presión: números altos y margen reducido
El principal problema para Boca es la distancia entre lo que está dispuesto a ofrecer y lo que exige Independiente Rivadavia. Mientras el club de La Ribera evaluó una propuesta inicial sensiblemente inferior, la Lepra mendocina respondió con un cierre casi total a esa alternativa y elevó la vara económica a niveles que complican el avance inmediato.
En ese contexto, el Consejo de Fútbol analiza hasta dónde estirar la negociación sin comprometer el equilibrio financiero del club. Si bien existe interés deportivo real, en Boca también entienden que el mercado impone límites y que no todas las operaciones pueden cerrarse a cualquier costo.
La firmeza del club mendocino obliga al Xeneize a jugar una partida larga, en la que cada movimiento será medido y condicionado por la evolución del mercado internacional y por la aparición —o no— de otros interesados en el jugador.
Hasta cuándo lo va a intentar Boca
En el entorno del club consideran que Boca mantendrá el interés mientras el mercado de pases siga abierto y exista margen para negociar. La estrategia es clara: esperar, insistir en la medida justa y evaluar si Independiente Rivadavia baja sus pretensiones o si el propio jugador presiona por una salida.
Sin embargo, también hay un límite temporal implícito. Si no hay avances concretos en las próximas semanas, la dirigencia podría comenzar a reorientar los esfuerzos hacia otras alternativas para no perder tiempo en una negociación estancada.
Por ahora, el escenario sigue abierto, pero cada día que pasa refuerza la sensación de que Boca está ante una operación difícil, donde la voluntad deportiva no alcanza sin un acuerdo económico que satisfaga a todas las partes. La insistencia continuará, pero con la presión creciente del calendario y del propio mercado.

