(ARGENTINA) En el inicio de su nuevo ciclo al frente de Boca Juniors, Rodolfo Arruabarrena ya empezó a delinear su idea futbolística tras las charlas iniciales con Juan Román Riquelme, donde se repasó el estado del plantel, los objetivos deportivos y las posibles incorporaciones para el próximo mercado.
Sin embargo, antes de avanzar en nombres concretos, el cuerpo técnico y la dirigencia se encuentran con una dificultad central: el cupo de extranjeros está al límite, una situación que condiciona de manera directa cualquier movimiento en el mercado de pases.
Un plantel condicionado desde el arranque
Con ese escenario, Boca no solo debe decidir a quién incorporar, sino también cómo liberar espacio si quiere avanzar por refuerzos en puestos clave. La situación se vuelve más compleja teniendo en cuenta que algunos jugadores extranjeros siguen siendo considerados dentro del plantel, lo que reduce el margen de maniobra.
A esto se suma la situación de Agustín Marchesín, aún en recuperación de una lesión de rodilla, y la falta de consolidación de alternativas como Leandro Brey, lo que obliga a evaluar refuerzos en el arco.
El arco, el primer foco del mercado
Dentro de ese contexto, aparecen dos nombres en carpeta para reforzar el puesto: Sergio Rochet, arquero de Inter de Porto Alegre, y Álvaro Montero, actualmente en Vélez. Ambos perfiles son seguidos por la dirigencia como opciones para cubrir una posición que hoy genera incertidumbre.
El problema es que cualquier incorporación de ese tipo depende directamente de la liberación de cupos extranjeros, lo que obliga a Boca a tomar decisiones previas antes de negociar formalmente.
Juveniles y planificación paralela
En paralelo, Arruabarrena también comenzó a observar jugadores de inferiores como Dylan Gorosito, a quien considera un proyecto a potenciar dentro del plantel profesional. La idea del entrenador es equilibrar la necesidad de refuerzos con la promoción de juveniles, en un contexto donde el margen de incorporación está limitado.

