(ARGENTINA) Marcelo Culota, el flamante presidente de San Lorenzo, decidió frenar la transferencia de Jhohan Romaña a Boca para evitar el costo político de arrancar su gestión con el rechazo de los hinchas. La oferta formal del Xeneize, que llegó por vía telefónica, rondó los 3,2 millones de dólares totales, pero la dirigencia azulgrana ni siquiera se sentó a discutir números con un clásico rival.
“Si llega a tomar como primera medida venderle un jugador a Boca, pareciera que ya estaría marcando su destino”, analizó el periodista Marcelo González en el canal Planeta Xeneize. La frase retrata el clima interno del Ciclón: Culota asumió con un mandato corto de un año y medio y cada movimiento de este primer mercado de pases se lee en clave de gesto político. Desprenderse de un titular indiscutido hacia La Ribera habría sido interpretado como una debilidad imperdonable apenas iniciada la nueva administración.
González fue todavía más explícito sobre la postura del club de Boedo: “San Lorenzo se lo vendería a cualquier equipo del mundo, excepto a Boca”. La operación quedó descartada sin que mediara un tire y afloje por la cifra. La propuesta rondó los 3,2 millones de dólares en total —que dejarían 2,5 millones netos para las arcas del Ciclón—, muy lejos de la cláusula de rescisión fijada en 5 millones de dólares por la totalidad del pase. Aun si el monto hubiera sido superior, la dirigencia ya había tomado la decisión de no negociar con el Xeneize ni con Huracán, las dos enemistades más profundas para el hincha azulgrana.
El contrato de Jhohan Romaña con San Lorenzo vence el 31 de diciembre de 2026 y, a partir del 1° de julio, el defensor colombiano puede firmar un preacuerdo como agente libre con cualquier club. “En seis meses queda en libertad de acción”, sintetizó González. Esa ventana temporal fue la que detectó Boca para mover sus fichas, pero en San Lorenzo prima la convicción de que ningún ingreso económico justifica el desgaste simbólico que acarrearía la venta en este contexto institucional.
Las posturas dentro del club, sin embargo, no son unánimes. Hay dirigentes que rechazan de plano cualquier negociación con Boca por el costo político y los antecedentes —como el caso de Malcom Braida, que terminó en el Xeneize tras una rebaja en su cláusula de salida—, mientras que otros reconocen que la situación contractual hace difícil ignorar por completo una oferta. El propio Jhohan Romaña declaró que no recibió un contacto directo desde La Ribera y que planea presentarse a la pretemporada azulgrana el 22 de enero, aunque también dejó una frase que refleja su malestar por la demora en las gestiones: “Recién ahora me vienen a ofrecer la renovación”.
El periodista Flavio Azzaro ya había anticipado días atrás, en su programa Picado TV, el razonamiento que terminó imponiéndose en Boedo: “San Lorenzo tiene una nueva dirigencia, con Marcelo Culota como presidente. Si su primera gestión de gobierno es venderle a una de las figuras del equipo, a un rival, a un clásico rival como es Boca, que junto con Huracán son los dos clubes a los que más bronca le tienen a la gente de San Lorenzo, ya arranca muy mal una gestión de un año y medio”. Sobre el desenlace de la novela, Azzaro fue terminante: “Para mí, Romaña no va a Boca”.
San Lorenzo prioriza ahora la renovación del colombiano para no perderlo sin compensación en diciembre o, en su defecto, una venta al exterior antes del cierre del mercado. La tercera opción que analiza el club es notificarle al jugador que no será tenido en cuenta si no estampa la firma, un escenario que nadie desea pero que aparece como último recurso. Lo que está definitivamente clausurado, al menos bajo la gestión de Culota, es el traspaso a un rival directo del fútbol argentino.
Cuál fue la última oferta de Boca por Romaña
La última oferta que rechazó San Lorenzo por Jhohan Romaña llegó de parte de River, que en el mercado anterior puso sobre la mesa 2,5 y luego 2,6 millones de dólares por el 50% del pase. Ambas propuestas fueron consideradas insuficientes. Hoy, con el colombiano a seis meses de quedar libre y con Boca al acecho, el tiempo corre y cada día que pasa sin una firma debilita la posición negociadora del Ciclón.
San Lorenzo maneja tres escenarios posibles para las próximas semanas. El primero, cerrar la renovación antes del 1° de julio para negociar desde una posición sólida. El segundo, no renovar y decidir si el jugador sigue en el equipo o se lo aparta. El tercero, concretar una venta antes del vencimiento del plazo. Marcelo González lo resumió con realismo: “No es sencillo resolver la situación del jugador colombiano”. La pelota está del lado del nuevo oficialismo azulgrana, que necesita demostrar autoridad sin que se le escape una de sus figuras más valiosas.
