(ARGENTINA) Hugo Ibarra es uno de los laterales derechos más importantes de la historia de Boca, pero antes de transformarse en ídolo y ganarlo todo en el club de la Ribera, Hugo Ibarra estuvo muy cerca de vestir la camiseta de River. La negociación frustrada, que pudo haber cambiado su carrera y el mapa del fútbol argentino, fue revelada por Omar Labruna, quien en aquel momento integraba el cuerpo técnico de Ramón Díaz.
Labruna explicó que la decisión de no incorporarlo se debió exclusivamente a un tema físico. “Ibarra no jugó en River por una tontería de Ramón y mía. A nosotros nos encantaba, habíamos hablado con Colón y no lo trajimos en ese momento porque venía de dos o tres desgarros”, recordó el ayudante de campo.
El exfutbolista de Colón de Santa Fe era pretendido por ambos gigantes, pero las dudas sobre su estado muscular inclinaron la balanza hacia otro marcador de punta. “En ese entonces, estaba entre Ibarra y Jorge Martínez, el Negro, con quien tengo una gran relación y terminó jugando en Boca. En realidad nos gustaba más Ibarra que el Negro. No lo trajimos por eso y trajimos al Negro Martínez”, contó Labruna, admitiendo que el criterio fue equivocado.
La autocrítica del excolaborador de Ramón Díaz fue contundente. “Ibarra con nosotros también hubiera ganado todo. Y (en Boca) rompió. Es un gran jugador, pero la cagamos nosotros. Estaba desgarrado y lo tendríamos que haber esperado. La cagamos con Ramón. Alguna cagada nos tuvimos que haber mandado, era lógico. Tengo huevos y lo digo. No hablo solo de los campeonatos. Cuando la cagamos también lo digo”, reconoció Labruna, en una confesión que pinta de cuerpo entero el error de cálculo de aquel River.
Mientras River se lamentaba, Hugo Ibarra aterrizó en Boca y construyó una carrera legendaria. Bajo la conducción de Carlos Bianchi, se convirtió en pieza fundamental de la época más dorada del club, con 15 títulos entre los que sobresalen cuatro Copas Libertadores y dos Intercontinentales.
El formoseño se consolidó como uno de los jugadores más ganadores de la institución, con un despliegue constante, una marca firme y una mentalidad competitiva que lo distinguieron a lo largo de su etapa como futbolista. Su vínculo con Boca no terminó ahí: con los años, también fue director técnico campeón del club, agrandando todavía más su historia con la camiseta azul y oro.
La anécdota de aquel pase fallido quedó como una curiosidad de mercado, pero la sinceridad de Labruna no deja dudas sobre quién festejó finalmente. Labruna cerró con una reflexión que resume el peso de aquella decisión: “No hablo solo de los campeonatos. Cuando la cagamos también lo digo”.

