(ARGENTINA) La llegada de Álvaro Montero como segundo refuerzo de Boca Juniors estuvo directamente vinculada a un pedido firme y concreto del entrenador Rodolfo Arruabarrena, quien marcó el arco como una de las prioridades urgentes del plantel para el segundo semestre.
El cuerpo técnico consideraba que la situación en el puesto necesitaba una intervención inmediata, en un contexto atravesado por la recuperación de Agustín Marchesín y la falta de consolidación de Leandro Brey como alternativa principal.
Un pedido claro y sin matices del entrenador
Según trascendió en el entorno del club, Arruabarrena fue contundente al transmitir su diagnóstico sobre el arco: necesitaba reforzarse con un arquero de jerarquía y experiencia para sostener la competencia interna y elevar el nivel general del puesto.
Esa solicitud fue uno de los factores determinantes para que la dirigencia encabezada por Juan Román Riquelme acelerara las gestiones por Montero, operación que se resolvió en cuestión de días tras el pedido del entrenador.
La postura del DT se sostuvo incluso en medio del análisis interno sobre el rendimiento de Brey, a quien el cuerpo técnico valora como proyecto a futuro, pero que todavía genera dudas en el corto plazo. En ese sentido, Arruabarrena insistió en la necesidad de sumar competencia directa.
La respuesta del Consejo de Fútbol fue alinearse con la exigencia del entrenador y avanzar en una incorporación que pudiera disputar el puesto de inmediato, sin descuidar el desarrollo del juvenil dentro del plantel.
Con la llegada de Montero, el arco xeneize quedará conformado por tres opciones principales, con Brey como alternativa y Marchesín en etapa de recuperación, en un escenario que buscará mayor estabilidad para un puesto considerado clave por el cuerpo técnico.
El pedido de Arruabarrena, en definitiva, terminó marcando el ritmo del mercado de Boca y acelerando una de las incorporaciones más importantes del segundo semestre.

